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EFEMÉRIDES DEL MES

 

Natalicio de Arturo Michelena

Todo acto humano es un acto político. No podemos vivir al margen de la historia. Arturo Michelena pintor venezolano del cual celebramos su natalicio ocurrido el 16 de junio de 1863 , en Valencia, estado Carabobo, nos lo recuerda en cada una de sus obras.
Apenas a los once años realizó las ilustraciones de un libro de Francisco de Sales Pérez llamado “Costumbres venezolanas”. Luego trabajó con su padre realizando retratos, murales , dibujos, copias de ilustraciones antiguas que realizaban por encargos y que le sirvieron como entrenamiento para su desempeño posterior el cual tuvo un reconocimiento especial en Francia cuando en 1887 presentó su cuadro “El niño enfermo” en un gran salón de arte de la época.
En 1890 y con varias medallas en su equipaje retorna a Venezuela donde es recibido con alegría y continúa pintando obras en las que se reflejan episodios de la historia patria.
Enfermo de tuberculosis muere muy joven en Caracas el 29 de julio de 1898 dejando varias obras inconclusas.

Las obras de arte son un buen argumento para el debate de las ideas. Éstas no solamente se expresan en palabras, con discursos y libros; también la plástica habla sin nombrar. No es posible quedarse mudo frente al dolor de nuestro pueblo como si la inspiración nos dejara en mitad del camino por no ser consecuentes con quien espera nuestro pronunciamiento que interpele las posiciones éticas y estéticas que tomamos a diario. Como si la paleta que soporta los colores de la vida se quedara sin matices. Siguiendo las enseñanzas de Arturo Michelena uno de los objetivos de la educación artística habrá de ser enseñar a arar en el mar azul de los deseos; pescar de vez en cuando una que otra buena textura en las líneas; navegar desplegando todas las velas cuando el compromiso arrecia el viento, cuando se tiene la vista fija en la brújula de la justicia y la paz corrige el rumbo que se extravió en el forcejeo contra la inercia porque si hay algo inútil en esta vida es aferrarse al islote de la intemperancia, lastrarse con dogmatismos o anclar donde la soledad es íngrima abundancia.
La plástica, pintura, ilustración y muralismo nos reconcilian con lo que somos. Así, por ejemplo, Los destellos de historia que se reflejan en pinturas tales como Vuelvan caras, Miranda en La Carraca, Asesinato de Sucre en Berruecos son un desplante de amor al arte académico y constreñido; son un exhorto a saber y descifrar el por qué de la historia y se rebelase, tomase su lienzo y sus plumillas como relevo de prueba incuestionable por honesta y comprometida y descerrajara toda puerta que se interpusiera al conocimiento, todo intento banal de reservar únicamente a la ciencia el sitial digno del saber.
En estos días no hay que “meterse” en política, hay que construirla en colectivo: a fuego intenso, en aguas profundas, cosida artesanalmente a punta de estrellas. Son tiempos de tener el alma tendida a los compañeros y compañeras del liceo: dolerse en su llanto, cantar sus alegrías; tiempo de encomendarse a los principios y valores socialistas. Que nuestras palabras, gestos y obras recuerden a quien nos acompaña que la felicidad no es modo de estar sino forma de ser y por tanto no es fruto de un amor adolescente que fogosamente avasalla sino de un amor maduro que sistemáticamente seduce.
Pocos artistas tienen la osadía de dedicarle a este oficio más de un par de ejercicios. La mayoría asume con sensatez que no es tan fácil como pareciera y responsablemente admiten que se requiere una dotación extraordinaria de ojo, mano, mente, ánimo, alma y espíritu. Arturo Michelena tuvo la mano virtuosa para retratar los rasgos adjetivados sin profanar el corazón de lo dibujado. Saber romper a golpes del movimiento de la muñeca la monotonía de la imagen de todos los días y bendecirla con una nueva vida cromática.
Fue portador de un alma sensible para entender que la relación del artista con su obra debe ser fundamentalmente amorosa. Tener presente que la utilidad, prestigio o lucro obtenidos son un suplemento nutritivo, nunca la razón de lo creado. Los restos mortales de Arturo Michelena fueron trasladados al Panteón Nacional el 29 de julio de 1948 como un homenaje justo a quien si bien no empuñó las armas ni fue herido en guerra contribuyó con su propuesta artística a la construcción de nuestra patria venezolana.

 

Natalicio de José Antonio Páez

El Centauro de Los Llanos fue el apelativo como se conoció a José Antonio Páez Herrera, prócer de la Independencia , gran guerrero reconocido por su participación decisiva en cuantiosas batallas. Nació en la población de Curpa, estado Portuguesa, un 13 de junio de 1790. Su fiera naturaleza también le valieron otros nombres tales como «El Taita», «El León de Payara», «El Ciudadano Esclarecido» . Tiene origen canario pero su crianza ocurrió en Los Llanos venezolanos donde aprendió las artes de la cría de ganado y se convirtió en un hábil jinete . Estas destrezas, especialmente el uso de la lanza y la soga, le sirvieron a la hora de emprender la lucha por la independencia.

El General Páez estuvo al frente del ejército patriota en numerosas batallas. Una de las más emblemáticas es la Batalla de Mucuritas acaecida en la llanura del estado Apure que, aunque fue perdida por las fuerzas patriotas, en ella Páez demostró su ingeniosidad al dividir la infantería de la caballería enemiga comandada por el español Miguel de la Torre y, luego, encender la sabana para tratar de ahogarlos con el humo.
La Batalla de las Queseras del Medio, antes mencionada, le valió al General Páez la Orden de los Libertadores. Con un ejército muy pequeño, Páez se enfrentó a los realistas quienes estaban liderados esta vez por Pablo Morillo. Fue tanta la valentía demostrada por los patriotas, que, ante el reclamo que hiciera el Rey Fernando VII, morillo expresara: «Dadme un Páez, Majestad, y mil lanceros del Apure y pondré Europa a vuestros pies».
Los triunfos obtenidos por Páez al utilizar variadas y creativas estrategias, nos enseñan a asumir sin subterfugios la producción con sus logros y fracasos; debemos sentirnos interpelados por quien particularmente nos muestra su sabiduría y del colectivo a quien nos debemos; corregirnos, inventarnos, superarnos; dar testimonio de nuestros aciertos, dar cuenta de lo perdido en el camino. Jamás debemos escindirnos de la realidad; al contrario, hemos de contemplarnos críticamente desde afuera para retomarnos luego en primer plano para llegar a las profundidades de la auténtica solidaridad aunque en el fondo sepamos que hay momentos muy efímeros en la vida republicana.
Pese a toda la confianza que el Libertador Simón Bolívar puso en El Centauro de Los Llanos, éste no pudo frenar su ambición y es uno de los principales responsables de la fractura de la Gran Colombia. Aprovechando la ausencia de Bolívar en Venezuela, sembró cizaña para dividir a las autoridades venezolanas separando civiles de militares. Varias veces, el Libertador trató de frenar su ímpetu separatista y le aconsejó que tuviese paciencia. Las distintas cartas y llamados de atención fueron en balde. No cejó hasta obtener el triunfo electoral convirtiéndose en el Presidente de la República de Venezuela desde 1831 hasta 1835 y, posteriormente, entre 1839 y 1843 gobernó por segunda vez.
Es preciso distanciar el empeño de la ambición, la buena estrategia de la canallada. No te distancies de la mano tendida, que la humildad te acompañe y sepas que sólo bajando la cabeza puedes ver tu imagen reflejada en el estanque que navegas: no hay quien no se venza con el señuelo de la ternura y quien no quiera refugiarse en el compás de un beso. Sepamos que la vida no te elige, la vida es un destino que se escoge y el amor no es un sentimiento sino una opción con el cual nos comprometemos ya que cada quien es imprescindible y si se ha de transitar en búsqueda de la trascendencia es mejor no hacerlo en solitario sino en cambote.
Sin embargo, debemos reconocer que el General Páez es ejemplo de resiliencia: supo imponerse sobre los obstáculos propios de la pobreza y aplicar los conocimientos y prácticas propias de su origen llanero para lograr el triunfo en las adversidades de la Guerra de Independencia y, luego, como primer Presidente electo de la República de Venezuela.

 

Texto suministrado por el Viceministerio de Comunidades Educativas y Unión con el Pueblo.

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